Políticas frente al Covid 19
Los coronavirus corresponden a una amplia familia de virus causantes de infecciones severas de tipo respiratorio, como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el síndrome agudo respiratorio severo (SARS). El coronavirus que causa la enfermedad denominada COVID-19 y que está afectando a la población mundial como una pandemia, corresponde a un betacoronavirus, el sars-cov 2, el cual está formado por una cadena de Rna única. Se ha determinado que el contagio por este virus se produce persona a persona mediante la transmisión de aerosoles (gotas) expulsados durante la respiración forzada, la tos, el estornudo e incluso al hablar a corta distancia entre dos o más personas. La afección resultante puede provocar enfermedad respiratoria aguda y neumonía grave en los seres humanos.
Desde el punto de vista sanitario, estamos en una situación muy particular puesto que el sars-cov 2 a pesar de ser de muy baja letalidad (inferior al 3%), se considera de altísima contagiosidad. Esto ha puesto en jaque no solo a los sistemas de salud de todos los países y sus economías, sino que también ha dejado al descubierto sus fallas administrativas.
Algunos Hechos relevantes:
- La infección por Covid-19 es efectivamente pandémica, es decir, está en todo el planeta.
- La mayor parte de la población, pese a que puede infectarse y propagar el virus, no sufre la enfermedad.
- La enfermedad grave ocurre especialmente en ciertos grupos de población como pacientes ancianos, con enfermedades múltiples, patologías pulmonares y personas inmunocomprometidas por cualquier razón. Esto incluye personas con defectos congénitos de su sistema inmune.
- Quienes sufren enfermedad grave tienen altas posibilidades de morir pese al tratamiento de soporte en la unidad de cuidados intensivos.
- Quienes sufren enfermedad moderada pueden terminar con deterioro permanente de su capacidad funcional respiratoria.
- No existe tratamiento etiológico, esto es que esté dirigido a eliminar este virus.
- Los tratamientos existentes son meramente de soporte (paliación), control de la fiebre y prevención de infecciones sobreagregadas.
- Las unidades de cuidados intensivos son conocidas por los riesgos de infecciones sobreagregadas graves de las vías respiratorias, como consecuencia de la intubación prolongada. (infecciones nosocomiales generalmente multirresistentes a los antibióticos)
- No debe creerse que las Unidades de cuidados intensivos salvan la vida de los afectados graves de covid. Son un esfuerzo loable, sin duda salvan vidas, pero tienen tasas muy altas de mortalidad y representan enormes costos para el sistema de salud, las aseguradoras y los particulares.
- La vacunación representa la gran esperanza para la población mundial y si bien los estudios muestran efectos protectores, hace falta que pase más tiempo para que realmente conozcamos sus verdaderos alcances, efectos adversos, capacidad de inmunización, duración y extensión a las nuevas cepas emergentes.
Hace falta que se promuevan y desarrollen pruebas para detectar la población susceptible a infecciones graves por covid-19 de manera a proteger esas poblaciones selectivamente.
Las medidas de control epidemiológico establecidas por las autoridades no han contemplado el enorme daño económico que están causando a la mayoría de la población, que es ciertamente inmune a la enfermedad de forma natural y que está siendo llevada a la quiebra económica, el fracaso empresarial y para muchos la pobreza absoluta. En este sentido se están protegiendo vidas que pueden verse afectadas por el covid 19 y desprotegiendo detrás de números llamativos de ocupación de UCI a las demás personas y todo el espectro de enfermedades que ellas sufren. Se comprometen trabajos, atención médica electiva, entretenimiento, viajes, economías de escala y muchas cosas más sobre la pretensión de eficiencia de unas medidas que se anulan unas a otras de forma incomprensible e incoherente.
Las vacunas en general representan uno de los grandes avances de la medicina de los 2 últimos siglos, rechazarlas por principio es tan irracional e inapropiada como aceptarlas sin reflexión. Puesto que todas ellas conllevan efectos colaterales y algunas muy graves, la decisión de aceptarlas debe ser hecha después de un muy prudente análisis de su relación riesgo-beneficio. Jamás deberá volver a ocurrir que se obligue a la población violentando su autonomía a aplicarse vacuna alguna y menos aún cualquiera que no haya completado procesos de investigación y definición de su perfil de seguridad.