El sistema de atención médica en colombia en operación desde hace mas de 30 años se basa en un modelo conocido como modelo de aseguramiento en el que todo ciudadano con empleo hace un aporte proporcional a su salario para el sistema de salud, sobre un sistema de cálculos actuariales que no son mas que matemáticas financieras basada en estadísticas y probabilidades. Simplemente la población que no se enferma, financia la que se enferma ocasionalmente y crónicamente. La población sin empleo permanente o simplemente sin empleo está cubierta por un régimen distinto conocido como régimen subsidiado que recibe fondos de diversas fuentes otorgados por el estado. Se entenderá que de la magnitud de las contingencias dependerá la estabilidad financiera. Y las contingencias pueden ser casi infinitas. El modelo que pretende implantarse como reforma a la salud por el actual gobierno se basa fundamentalmente en eliminar la intermediación financiera y administrativa de las EPS para que pase a manos del ADRES quien se encargará de girar directamente a las ips y prestadores de salud de toda clase, sobre la pretensión de que el dinero de la salud se pierde actualmente en corrupción. Los escándalos de corrupción no son una novedad para nuestro país y ciertamente determinan uno de los grandes males de nuestra sociedad. Un sistema como el que actualmente se propone presume que la corrupción no tomará cuenta de su modelo, ni será sujeto de politización y manejo clientelista. No resulta claro cómo será que los nuevos participantes del modelo administrativo y prestacional de la salud están vacunados contra la corrupción y podrán garantizar el uso correcto de los recursos. Todo bajo el supuesto de gran eficiencia administrativa y financiera. Lo que a mi modo de ver debiera ser un proyecto para ajustar un sistema conocido, para afianzar sus virtudes y corregir sus defectos, sumandole un modelo eficiente de persecución a la corrupción, se convertirá en una fiesta burocrática de repartición de puestos y contratos sobre un modelo administrativo fallido como lo es la administración estatal. Terminaremos viendo cómo se otorgan contratos de toda clase, infraestructura, servicios, insumos, ambulancias etc. sobre amiguismos y clientelas sin apego a un modelo de mercado competitivo y pluralista. Los médicos perderán poco a poco toda autonomía y en la medida que el sistema de salud se deteriore la población se verá obligada a contratar modelos de atención basada en seguros privados de diversa cobertura, costo y calidad. Volveremos a una medicina de caridad, ya no otorgada por instituciones de beneficencia basadas en compasión y valores humanos como en el pasado, tampoco al modelo actual e imperfecto que es un modelo solidario y pluralista, sino a una medicina de pretendida obligatoriedad del estado atendida por funcionarios sumidos en la frustración y la indolencia. El panorama no es en modo alguno sujeto de optimismo, pues lo que vemos son fuerzas políticas que odian los modelos de mercado y competencia, buscando devolverse a modelos basados en administración pública y ausencia de control del uso del presupuesto. La pretendida mejora en la contratación del personal médico no será mas que un deterioro franco de su ingreso con fundamento en eficiencia y control de los recursos. Todo en manos del estado,¡ pero eso sí ahora sin corrupción alguna!. Creo que esa vacuna ya se aplicó en otras partes y el resultado fue desastroso. Amanecerá y veremos.
Dr.
Carlos Antonio Mejia Mazuera
M.D., M.S.C
